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Mohács 1526
Solimán el Magnífico y la conquista de Hungría
DF MODERNA N.º 83
El 29 de agosto de 1526, el joven rey Luis II de Hungría cayó en el campo de batalla de Mohács junto a siete de los trece prelados del reino e innumerables nobles y caballeros. Bastó una sola derrota para que el reino medieval de Hungría, tradicional bastión del mundo cristiano frente a la amenaza turca, pero debilitado por problemas internos y enfrentado a un Imperio otomano en expansión, colapsase por completo.
Los potenciales aliados húngaros, el emperador Carlos V, el rey Francisco I de Francia, el papado y la república de Venecia, estaban a la sazón sumidos en la vorágine de las Guerras de Italia, mientras que en Alemania los protestantes veían en el turco un mal menor frente a la corrupción de Roma; hacerles frente significaba oponerse a los designios divinos. Cuando ascendió al trono en 1521, el joven sultán Solimán, más tarde conocido como el Magnífico, dejó de lado la política oriental de enfrentamiento con los safávidas para volver sus miras sobre el fértil valle del Danubio. Padishá del islam y Kayser-i-rum –emperador de Roma– inició su reinado con el firme propósito de vencer allí donde su bisabuelo, Mehmed II, el conquistador de Constantinopla, había sufrido su peor derrota, en Belgrado.
La toma de la ciudad fue el primer aviso de lo que estaba por venir. Luis II hizo cuando pudo por movilizar aliados y fortalecer su reino, pero, a la postre, nada pudo hacer ante el poderoso ejército con el que Solimán invadió Hungría en 1526. La victoria turca en Mohács inauguró el periodo de dominio otomano en Europa central, que se prolongó por ciento cincuenta años.
Ficha técnica