Nuevo Rumanía, 1944 Ver más grande

Rumanía, 1944

HDH033

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Rumanía, 1944

El martillo de Stalin golpea los Cárpatos

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16,95 € impuestos inc.

Ficha técnica

AutorAntonio García Palacios
ISBN978-84-948647-3-5
EditorialHRM ediciones
ColecciónH de Historia
Número en colección33
GéneroHistoria militar
TemaSegunda Guerra Mundial
Páginas152
Formato24x17 cm, tapa blanda con solapas

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En abril de 1944, el Heeresgruppe Südukraine de Ferdinand Schörner se encontraba en una situación crítica, asfixiado por el imparable empuje del Ejército Rojo desde el este y abocado a definir sobre la marcha nuevas líneas de contención que permitieran, al menos, ganar tiempo y planificar un repliegue organizado hacia el corazón del Reich. Aquella primavera, la apisonadora soviética puso sus ojos en la Rumanía de Antonescu y, concretamente, en los pozos petrolíferos de Ploieşti, una de las pocas fuentes de combustible que aún nutría a la Panzerwaffe.

La necesidad imperiosa de conservar las plantas de crudo rumanas obligó a Hitler a enviar al reino algunas de sus mejores unidades, sobresaliendo la Grossdeutschland de Hasso von Manteuffel, el «barón Panzer», quien, partiendo de los principios de movilidad y maniobrabilidad, conseguiría frenar el avance del II Frente Ucraniano de Konev en Moldavia y Besarabia. Esta importante victoria táctica perdería valor en agosto cuando, dispuestos a rendir Rumanía –país clave en términos geoestratégicos para el futuro dominio de los Balcanes– los frentes ucranianos de Malinovskii y Tolbukhin acometieron la Segunda Ofensiva de Iaşi-Chişinău.

Resueltos los problemas de aprovisionamiento, derivados del excesivo estiramiento de las vías de suministro durante 1943 y 1944, y lanzada el mes anterior la decisiva Operación Bagration –clave para que el OKH decidiera retirar del reino formaciones de peso como la propia Grossdeutschland–, la STAVKA concedió absoluta prioridad a la campaña rumana movilizando para su ejecución cerca de un millón de hombres, mil cuatrocientos carros de combate, mil ochocientos aviones y dieciséis mil piezas de artillería. La insostenible presión militar soviética, unida a las precarias condiciones en que se hallaban los defensores germano-rumanos –en inferioridad numérica y con una fuerza acorazada muy limitada–, terminaron precipitando la caída de Antonescu y desencadenando un giro político que abriría al Ejército Rojo las puertas de Ploieşti, los Cárpatos y Transilvania.

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