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Las tres culturas
Convivencia y conflicto en la España medieval
DF ARQUEOLOGÍA N.º 68
Moriscos, mozárabes, mudéjares, muladíes, sarracenos, moros, infieles… Desde la Edad Media hasta nuestros días hemos creado decenas de palabras para nombrar al otro, para encajar a las personas en los esquemas mentales de cada época. Pero las palabras, por precisas que parezcan, rara vez contienen toda la realidad. Términos como yihad o cruzada han servido para etiquetar periodos históricos enteros, ocultando bajo su aparente claridad un mundo de realidades complejas y multipolares. Estas formas polarizadas de entender el pasado han desembocado en el uso simplificador de conceptos como reconquista o convivencia. Los historiadores llevan décadas matizando estas categorías, conscientes de que entre el blanco y el negro hay toda una gama de colores.
Es en esos espacios intermedios donde mejor pueden comprenderse las relaciones entre las tres grandes religiones monoteístas de la península ibérica, marcadas tanto por el conflicto como por el intercambio constante. ¿Cómo cocinaba una musulmana que se había convertido al cristianismo para evitar nuevas cargas impositivas, pero que seguía practicando su religión en la intimidad de su hogar? ¿Cómo sobrevivían los judíos –la única comunidad religiosa sin una estructura política detrás– entre emires y reyes? ¿De qué manera aplicaron sus conocimientos técnicos los profesionales musulmanes que permanecieron en territorio cristiano? La realidad histórica siempre es más compleja que las palabras que intentan describirla. A la condición religiosa se suman otras como el origen social, el género, la posición económica o las lealtades familiares. Solo así pueden entenderse figuras como los visires judíos de las taifas o los embajadores cristianos empleados como traductores en cortes musulmanas y viceversa.
Lejos de ideas maniqueas y presentistas, este número explora la realidad material de su tiempo, sus transformaciones y las múltiples experiencias que se esconden tras el binomio convivencia-conflicto. Porque la historia de las tres culturas no se encuentra en las fronteras que levantaron los hombres, sino en los puentes que, a pesar de todo, nunca dejaron de cruzar.
Ficha técnica