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Yom Kippur, 1973
Victoria en el filo de la navaja
A LA VENTA EN LIBRERÍAS EL 9 DE SEPTIEMBRE
La idea de que las instituciones militares en tiempo de paz tienden a prepararse para librar la última guerra ha adquirido rango de tópico. Sin embargo, esta observación no debe interpretarse como una invitación a renunciar, tras un conflicto, a las reformas necesarias para adaptar las fuerzas armadas a los desafíos futuros. De hecho, los ejércitos que han sufrido una derrota costosa suelen mostrar mayor disposición a emprender cambios profundos que aquellos que han alcanzado una victoria decisiva. Así ocurrió, por ejemplo, tras 1763, cuando Francia, pese a su derrota en la guerra de los Siete Años, se convirtió en un foco de innovación en organización, doctrina y táctica militar. Un caso más próximo es la reorientación doctrinal del Ejército de Estados Unidos tras la guerra de Vietnam. En este mismo sentido, el análisis de George Gawrych sobre la guerra árabe-israelí de 1973 destaca la evolución de las Fuerzas Armadas egipcias tras la humillación sufrida en 1967, cuando introdujeron cambios sustanciales en su estructura y en sus procedimientos operativos. Aunque en apariencia se preparaban para repetir el conflicto anterior, lo hicieron con la intención de obtener un resultado distinto.
Por el contrario, los vencedores tienden a mostrarse menos proclives a cuestionar los métodos que les han proporcionado el éxito. Si bien incorporan nuevas tecnologías y realizan ajustes, estos suelen reforzar las concepciones previas en lugar de transformarlas. En ocasiones, esta continuidad resulta eficaz; en otras, puede conducir a graves errores. Así ocurrió con Israel en 1973, cuando la victoria de 1967 se convirtió en un lastre intelectual que dificultó la adaptación a un entorno cambiante. La autocomplacencia y la excesiva confianza pueden constituir, en consecuencia, los mayores peligros para los mandos militares en tiempo de paz.
Ficha técnica